Art&Life

              

     Producir arte es un proceso de autoconocimiento y transformación personal. Para Megumi Kitazu y Jesús Gómez ha supuesto un viaje de continuo cambio en su experiencia vital. Una historia de amor entre dos artistas provenientes de diferentes culturas que han crecido juntos a través de su pasión por el arte.

    J. Gómez desarrollaba su carrera artística en el norte de España mientras M.Kitazu

finalizaba sus estudios de arte en Tokio. Los dos fueron atraídos por la pujante escena artística de Berlín y se conocieron allí en 2001.

     Por aquel entonces J.G hacía de la arquitectura de Berlín este el centro de su trabajo mientras que M.K experimentaba con instalaciones de muebles de madera.    

      Comenzaron como amigos, compartiendo ideas y ayudándose en sus respectivos proyectos.  Pronto su relación creció y sus aproximaciones individuales al arte se fusionaron en empeños conjuntos. El comienzo fue algo turbulento, pues tuvieron que negociar ideas personales, rutinas de trabajo y uso del espacio compartido. Pero el amor en combinación con asunción de flaquezas y reconocimiento de puntos fuertes ayudaron a superar estos inconvenientes.

     Para kitazu&Gomez , el arte es un caldo de cultivo para descubrir nuevas formas de entender la experiencia humana. Para desarrollar sus ideas y proyectos necesitan de espacios libres y abiertos sin la presión de los roles establecidos.

      En un momento dado sintieron la necesidad de alejarse de la escena urbana y del ruido intelectual de un sitio tan saturado de artistas. Pronto hicieron las maletas y establecieron su estudio en un valle de los Pirineos Franceses.

      El proceso creativo es impredecible y misterioso y su desarrollo requiere vigilancia y paciencia. Las ideas fructíferas son elusivas y llegan en momentos inesperados. Archivar ideas, dejarlas reposar en los cuadernos de apuntes y en el subconsciente, utilizar el tiempo como un filtro para evaluarlas, manipularlas, intervenirlas y combinarlas y finalmente transformarlas en objetos físicos.

       Las diferentes perspectivas culturales de J.G y M.K  han impregnado la manera en la que entienden y se aproximan al arte.

      Buscando experiencias multiculturales decidieron abandonar Francia y mudarse a la isla japonesa de Sikoku, donde la familia de M.K. posee una granja. Inmersos en la vida tradicional del campo japonés, viviendo una experiencia cuasi monástica, comenzaron a desarrollar conexiones entre ideas sin aparente relación. Fue allí donde el proceso creativo se hizo realmente interactivo, el factor ego desapareció y comenzaron a pensar en términos de ¨nuestra idea”.

       Dos años después, durante una visita a España, surgió la posibilidad de vivir en una casa-estudio construida por un pintor a principios del siglo XX en Madrid. Sin dudarlo mucho aceptaron la generosa oferta, se establecieron en el fabuloso estudio de techos altos y ventanal al norte y continuaron su actividad artística con renovados ánimos.

       Volver a un contexto urbano tuvo sus ventajas. El Prado se convirtió en un destino habitual. Disfrutar, aprender y analizar las obras de El Bosco, Velázquez, Goya y otros clásicos a un ritmo tranquilo y sosegado supuso una experiencia muy gratificante y fructífera.

       Hoy continúan viviendo y creando en su estudio de Madrid. Su arte es sin duda una fusión de sus puntos de vista, sentimientos e inclinaciones. De todas formas ellos ya no son las mismas personas que se conocieron en Berlín hace 16 años.

       El Proyecto ha cambiado sus vidas, y estas están a su vez reflejadas en el proyecto. Ellos han creado su propia metáfora de vida, y su arte, entendido como un conjunto de objetos físicos es una materialización de esta metáfora y un punto de encuentro de sus sensibilidades individuales.